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Monterrey, Mexico


Hay estadios. Y luego está el Azteca. En más de medio siglo de historia, este coloso del sur de la Ciudad de México no solo ha albergado los momentos más grandes del fútbol mundial: los ha creado. El Gol del Siglo. La Mano de Dios. Dos finales de Copa del Mundo. La cuna del América y el escudo de la Selección Mexicana.
Cuando en 2026 vuelva a recibir el Mundial, el Azteca habrá sido sede de tres torneos mundialistas. Ningún estadio en el planeta puede decir lo mismo.
La idea del Azteca nació durante la presidencia de Adolfo López Mateos, en el contexto de la preparación de México para los Juegos Olímpicos de 1968. El país quería un estadio que estuviera a la altura de su ambición: el más grande, el más imponente, el que dijera al mundo que México jugaba en las grandes ligas.
El resultado fue un recinto inaugurado el 29 de mayo de 1966, cuando el Club América recibió al Torino F.C. ante más de 100,000 espectadores. Desde ese primer partido, quedó claro que el Azteca no era un estadio normal.
Situado a 2,200 metros sobre el nivel del mar en la delegación Coyoacán, el estadio tiene una capacidad de 87,523 espectadores, lo que lo convierte en el recinto más grande de América Latina y uno de los cinco más grandes del mundo.

El Azteca no solo ha sido testigo de la historia: la ha protagonizado. Algunos de sus momentos más icónicos:
Como uno de los estadios estelares del torneo, el Estadio Azteca —denominado oficialmente ‘Mexico City Stadium’ durante el Mundial, según la política de la FIFA de eliminar nombres comerciales— albergará cuatro partidos:
El partido inaugural con México prometé ser uno de los momentos más vibrantes del torneo. El Azteca a reventar, el Tri en casa, el mundo mirando. Pocas experiencias en el fútbol se comparan con eso.
El Azteca trasciende al deporte. A lo largo de su historia ha sido sede de:
Eso convierte al Azteca en algo más que un estadio: es parte del tejido cultural de México. Un lugar donde varias generaciones han vivido sus momentos más emocionantes, no solo los deportivos.
El estadio lleva el nombre de ‘Azteca’ en honor a la civilización azteca que floreció en esta región antes de la conquista española. Es uno de esos nombres que se adhieren a la identidad de un lugar de forma irreversible.
En 1997 hubo un intento de renombrarlo como ‘Estadio Guillermo Cañedo’ en homenaje a un directivo de la FIFA. La reacción popular fue tan negativa que el cambio duró poco. En 2025, Banorte adquirió los derechos de naming y el estadio pasó a llamarse oficialmente ‘Estadio Banorte’. Pero en la calle, en las conversaciones, en los medios: sigue siendo el Azteca. Y así seguirá siendo.

Para estar a la altura del Mundial 2026, el Estadio Azteca está siendo sometido a una renovación integral estimada en alrededor de 2,000 millones de pesos mexicanos (aproximadamente 110 millones de dólares). Las mejoras incluyen:
El objetivo es claro: preservar la esencia histórica del estadio mientras se lleva su infraestructura al nivel que exige el evento deportivo más grande del mundo.


El Azteca está bien conectado con el transporte público de la Ciudad de México. La Línea 2 del Metro (estación Tasqueña) y múltiples rutas de camión facilitan el acceso desde distintos puntos de la ciudad. Para el Mundial, se espera que la operación de transporte público se intensifique considerablemente.
Antes y después del partido, los alrededores del estadio ofrecen una escena gastronómica vibrante. Algunos imperdibles:
El Estadio Azteca no es un monumento al pasado. Es un espacio vivo que sigue acumulando historia con cada partido que se juega en su cancha. Cuando en 2026 suene el silbatazo inicial del primer partido del Tri en el Mundial, el Azteca volverá a hacer lo que mejor sabe: convertir un evento deportivo en un momento que México no olvidará.
Eso es lo que hacen las catedrales.